Cuando me explicaron que Pedro Miralles se había quedado ciego, me pareció inverosímil. Ahora que me comunican su muerte me reafirmo en que toda la maldad de los hombres resulta pueril e ingenua confrontada a la de Dios. El Gran Cabrón se ha llevado a Pedro de forma tan abrupta e inesperada como lo hizo con Kuramata.
Hasta pronto, amigos queridos.
(Colaboré con Miralles en el "reloj Estación" en 1990 para la empresa BD)